Vocabulario legionario para olvidar III

14/04/2009 at 8:52 PM Deja un comentario

Dependencia. Con este concepto los legionarios denominan la obligación que tienen de relatar al superior inmediato, y en menor medida también a los directores mayores (territorial y general) todo lo que les pasa y todos sus estados de ánimo, triunfos o fracasos espirituales, vivencia de las virtudes, etc. A los legionarios se les exige la transparencia ante el superior en una medida que desborda el necesario equilibrio que debe haber en toda dirección espiritual. Los novicios deben pasar una notita diaria a su asistente, en la que cuentan todo: qué han hecho, si han estado felices o tristes, en qué han fallado a Dios y a las normas, cómo se sienten, etc. Los profesos deben hacerlo cada tres o cuatro días y a los sacerdotes se les recomienda que todas las semanas “pasen a dependencia”, ya sea por oral o por escrito.

Con la “dependencia” y la hiper-regulación de la vida religiosa se logra tal control de la conciencia que los legionarios terminan por perder la libertad interior necesaria para un correcto discernimiento espiritual. Por este motivo tampoco es posible en la Legión una auténtica “mística”. Y por esto mismo es tan frecuente que legionarios ya muy experimentados en la vida, incluso sacerdotes, de repente abandonen todo, la vida religiosa, la vida moral e incluso la fe, ya que no han sido auténticamente libres en su camino espiritual. Aunque la institución insista en lo que denominan “auto-convicción”, que significa cumplir las normas por uno mismo aun cuando nadie te mira, en la práctica los legionarios tienen un escasísimo margen para las decisiones personales, y muchos terminan con la capacidad de tomar decisiones, tan importante para una auténtica santidad, atrofiada. Todo, y especialmente las grandes decisiones de la vida, las toman otros por ellos, sin consulta ni discernimiento.  Muchas de esas decisiones son tomadas por un equipo de superiores cuyos miembros en su mayor parte no conocen personalmente al interesado. Se basan en informes escritos por los propios superiores. Por eso tantos legionarios se desmoronan como un castillo de naipes en cuanto las circunstancias de la vida chocan con las normas y métodos institucionales. No tienen libertad exterior ni interior para afrontar esas situaciones.

La exigencia de dependencia es tal que los superiores legionarios habitualmente registran las habitaciones de los súbditos. También revisan y censuran habitualmente la totalidad de la correspondencia de entrada y salida, las llamadas telefónicas y los correos electrónicos (los oficiales, ya que muchos legionarios se han abierto a escondidas cuentas de correo tipo hotmail que quedan al margen de la revisión institucional). En los grandes centros, los recepcionistas pasan un listado detallado de las llamadas recibidas y las emitidas.

Por supuesto, no pueden leer nada, ni el periódico, ni la revista de la sala de espera, ni un prospecto de una medicina, si su superior no lo ha revisado primero y ni siquiera los sacerdotes pueden leer ningún libro sin consentimiento del superior. Tampoco pueden acceder libremente a internet, sino es a las pocas páginas permitidas.

Este acérrimo control de la conciencia y actividad de los súbditos se ha mitigado desde que hace dos años la Santa Sede obligó a los legionarios a que tuvieran directores espirituales distintos de los superiores. (En la Legión se nos decía que había un permiso especial de la Santa Sede para que el Superior fuese el Director Espiritual, pero cuando leías las Constituciones te dabas cuenta de que el tema aparecía “camuflado” con términos ambiguos y nunca se decía con claridad qeu los superiores ejercían como directores espirituales, tal y como era en la práctica). Pero en todo caso, aunque haya directores espirituales distintos de los superiores, la exigencia de “dependencia” hace que estos últimos ejerzan un control de la conciencia tal, que deja en nada al director espiritual y perjudica notoriamente la madurez y libertad individual. 

Efectivamente, este concepto de la “dependencia”, justificado siempre por el voto de obediencia, es más propio de grupos sectarios que de congregaciones católicas auténticamente evangélicas.

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