Imitar a los expertos de éxito I

18/05/2009 at 7:14 PM 1 comentario

Una obra santa como la Legión sólo puede ser fruto de un santo.

Este es el argumento que más esgrimían los legionarios y miembros del R.C. para ensalzar la santidad de su fundador frente a la maledicencia endemoniada de tantos detractores: por sus frutos los conoceréis, dice el Evangelio. Sólo un santo podría llevar a término una obra de Dios como la Legión y el Regnum Christi.

Hoy, ya de forma irrefutable, los mismos legionarios afrontan la terrible tarea de resituar a Maciel entre los hombres que se han aprovechado de la fe y de la buena fe de muchos para vivir disolutamente. ¿Pero qué pasa entonces con su obra?

Quienes defendían que la extensión numérica, económica y apostólica de la Legión es una muestra de santidad, tendrían que reconocer parecida santidad en los testigos de Jehová o a la secta Moon o Pare de sufrir. Sí, hoy ya sabemos que Maciel fue un hombre vividor comparable con los líderes de esas sectas pseudo-cristianas, pero ¿entonces como explicamos la Legión, y sobre todo, cómo explicamos una espiritualidad? ¿Qué es lo que llevó al Superior General de los legionarios a afirmar que el padre de familia Marcial Maciel era “el instrumento de Dios por el que toda su vida ha tenido un sentido”?

¿Cuál era el truco escondido de Marcial Maciel? Imitar. Imitar a los expertos de éxito.

Maciel no daba pasos institucionales impulsado por las mociones del Espíritu en la oración, sino copiando simple y llanamente lo que veía a otros. Por eso la legión es cómo es: luminosa por fuera y sombría por dentro. Porque se pueden copiar métodos, estructuras, reglamentos, pero no se puede copiar una espiritualidad ni un estilo de servicio a la fe. La Legión ha acabado teniendo mucho contenido por fuera y muy poco contenido interior, es una hermosa fachada sin cimientos sólidos. Aquí dejo el primer ejemplo:

Era a finales de los ochenta, y “Nuestro Padre” compartía el almuerzo con una comunidad de México D.F. A la mesa, en la que yo estaba sentado, se acercó un joven del Tercer Grado (seglares consagrados del Regnum Christi). El fundador preguntó al joven cuál era su apostolado y éste respondió que vivía en Garza García, con los legionarios de Monterrey y que ejercía su actividad en el Irlandés. La respuesta de Maciel fue rápida y contundente: “Eso no lo quiero yo. Yo quiero que los consagrados viváis en colegios mayores con otros jóvenes, como los del Opus. Y que haya decenas de vosotros por cada legionario, como en el Opus. ¿No lo hacen así ellos?”. Así de contundente, así de claro.

maciel en una comida

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También engañó a Juan Pablo II Carta a “la otra hija de Marcial Maciel”

1 comentario Add your own

  • 1. Tomás  |  22/08/2009 en 5:34 PM

    Exactamente, es producto del plagio y del engaño. ¡Cuánto hablaba Maciel de metodología! como si siguiendo unos procedimientos uno pudiera montar una obra de evangelización.

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