¿Cómo pudimos endiosarlo tanto?

25/01/2010 at 11:20 PM 2 comentarios

http://www.life-after-rc.com nos ofrece la imagen de una “varianda”, esto es, el tablón de anuncios de un Centro legionario. Ahí aparece la foto de un “Maciel orante” y junto a él un pensamiento suyo en el que se auto-inciensa sutilmente. ¿Cómo pudimos consentir tanta idolatría sin descubrir que todo era un timo? Idolatrábamos a un acólito de Satanás, el príncipe de la mentira.

 

maciel en la varianda

“Estoy trabajando al límite máximo de mi resistencia. Mucho más allá de mis posibilidades. ¡Qué el Señor Jesús me sostenga con su fortaleza; me aliente y conforte con su cercanía! Humanamente no puedo más y estoy en pie, porque mi compromiso es morir en pie y en la raya por el Reino.”

Marcial Maciel fue un hombre inteligentísimo. Desde los inicios de la fundación inculcó a los legionarios un desmedido culto a la personalidad de los Papas y también una desmesurada pleitesía hacia la persona de los superiores. Si al Papa le venerábamos con locura, ¿por qué no al fundador? Él también merecía nuestros continuos reconocimientos. Si con los superiores debíamos mantener siempre una actitud de deferencia y sumisión, ¿cómo debían ser éstas ante nuestro fundador? Ante él debíamos tener tanto cuidado para no “faltar a la deferencia”, que nunca le hacíamos ninguna pregunta personal o íntima, ni podíamos indagar en su vida o en sus sentimientos, ni conocerle de verdad. Él llevaba siempre la batuta en las conversaciones. Tomar la iniciativa nosotros hubiera sido una falta de respeto. Entre él y nosotros había dos grandes muros psicológicos: el muro de la idolatría que nos hacía ver en él a un hombre perfecto, alter Christus; y el muro de la deferencia, que nos exigía mantener una distancia reverencial y temerosa en el trato con él. Pasamos muchas horas con él, le escuchamos, compartimos su mesa, paseamos con él… pero nunca dejó traslucir su endiablada personalidad. Él nos preguntaba sobre nuestra vida legionaria, sobre nuestro pasado; ser objeto de su interés era todo un premio. Y si tocaba decir algo de él mismo, siempre era referente a “la misión” que Dios le había encomendado. Para él no existía otra cosa y nada le interesaba si no era “la misión”. 

En realidad, nunca le conocimos. Maciel violó sexualmente a decenas de legionarios y a miles nos violó psicológicamente. Hoy su vida de metira se nos hace tan diabólica como sus solicitudes libidinosas.

(Testimonio de un legionario recogido por J. González)

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¿Cuántas deserciones necesita el P. Álvaro? El P. Álvaro Corcuera se aferra al hermetismo e inmovilismo legionarios.

2 comentarios Add your own

  • 1. vtr  |  12/03/2010 en 3:57 AM

    Así fue.

    Responder
  • 2. A.R.  |  04/02/2010 en 6:54 PM

    Terriblemente cierto

    Responder

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